El sexo anal

un 10% de la población reconoce practicar regularmente sexo anal

Todo el mundo sabe lo que es el sexo anal. No hace falta explicarlo. Estaremos cayendo en una obviedad si decimos que es la práctica sexual consistente en introducir el pene, o en su defecto cualquier juguete con forma fálica, por el ano del compañero de juegos.  Parece que el sexo anal, o sodomía, no es patrimonio de lo seres humanos y que otras especies animales, como primates y algunos cánidos también presentan alguna afición a esta práctica sexual.

un 10% de la población reconoce practicar regularmente sexo anal
un 10% de la población reconoce practicar regularmente sexo anal

No son pocos los que consideran placentero el sexo anal. También son muchos los que lo temen sin haberlo probado, por miedo al dolor, o quienes, habiéndolo probado no le han encontrado el gusto ya que, según la morfología del individuo y la falta de tacto para realizarlo correctamente, podría llegar a convertirse en algo desagradable. Una experiencia desagradable en este sentido puede llevar a no querer volverlo a realizar.

Ya en la antigua Grecia se tiene constancia de la práctica del sexo anal. En el caso de hombres con mujeres, para poner en evidencia la pretendida superioridad del varón sobre la mujer, ya que la postura que esta debe adoptar denota sumisión. También era frecuente la práctica del sexo anal entre hombres. Las relaciones homosexuales eran frecuentes y estaban, incluso, bien vistas, por lo que era comúnmente aceptada esta práctica entre hombres.

Los romanos, sin embargo, mucho más hipócritas que los griegos, veían mal la práctica del sexo anal siempre y cuando se realizase entre dos ciudadanos romanos. En cambio no había ningún dilema moral para la sociedad si el sexo anal se realizaba entre un ciudadano romano y un esclavo o esclava.

En la actualidad, el sexo anal es una práctica más entre la diversidad de juegos sexuales conocidos. Es usado tanto en parejas heterosexuales como en parejas homosexuales. De hecho, esta práctica no debe asociarse, exclusivamente, a la homosexualidad. En numerosas parejas es la mujer quién introduce un falo por el ano de su compañero sujeto con un arnés a su cuerpo. Se trata de un juego más de pareja y no tiene por qué implicar atracción por los hombres.

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