Trucos para ocultar defectos durante el sexo

Disimular los defectos

Los defectos están ahí. Hay veces que, cuando te vas a acostar con un chico, te empiezan a surgir los miedos sobre lo que pensará de tu cuerpo. Aunque seguramente ellos no piensen en ello cuando estamos entre sus brazos, los complejos que podamos tener por algunos pequeños defectos en nuestro cuerpo nos impiden disfrutar plenamente de ese momento. Por eso os vamos a dar algunos trucos para ocultar esos pequeños defectos que tanto nos preocupan durante el sexo.

Disimular los defectos
Disimular los defectos

– Para esconder la celulitis. Tienes que ofrecerle una visión general de tu cuerpo. Para ello, túmbate en la cama boca arriba con las piernas entrecruzadas y, apoyada en los codos, incorpórate ligeramente. Si además tienes el pelo largo, déjalo caer por tus hombros y por tu pecho. De esta forma, resaltas el pecho y los hombros y disimulas las temidas cartucheras.

– Para esconder el trasero. Túmbale boca arriba y siéntate encima. Es una postura en la que tú dominas la situación porque eres la que marca el ritmo y a ellos les encanta porque no tienen que hacer prácticamente nada. Ocultarás tu trasero mientras el disfruta de tus movimientos.

– Para esconderlo todo. Siéntate en una mesa o en cualquier otro sitio en el que te encuentres más alta que él. Con él situado enfrente de ti. De esta forma, todo queda bien escondido (cartucheras, trasero…) y, si te pegas bien, tampoco verá ni pecho ni tripa, sólo verá unas piernas largas y esbeltas. Si le rodeas con tus piernas lograrás que sea súper excitante.

– Para esconder pecho y tripa. Para estos casos la mejor postura es la de la cuchara. Los dos os tumbáis de lado y tú le das la espalda. Él se pegará a ti adaptándose a tu cuerpo. Es una postura muy romántica, ya que, puede acariciarte tranquilamente. De esta forma, los protagonistas son tu pelo, tu espalda y tus hombros y la silueta de tus caderas se resalta. Otra postura para esconder pecho y tripa es dada la vuelta. Él se sienta en la cama o en el suelo apoyado sobre las palmas de sus manos y con las piernas estiradas. Tú te pones encima, pero de espaldas a él. Te podrás mover sin tener que preocuparte de tu pecho o tu tripa, ya que él estará contemplando tus hombros y tu espalda.

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