Culto al coito. Un error grave

El culto al coito

Uno de los peores errores que podemos cometer dentro de una relación de pareja, es poner al coito como referente de la buena salud de esa relación. De esa forma lo que vamos a conseguir es que se convierta en el mayor enemigo de una vida sexual satisfactoria y plena. Si un hombre en algún momento no ha podido conseguir una erección, puede llegar a bloquearse y a evitar el contacto físico con su pareja. Todavía está muy extendida la idea de que el hombre que “no puede cumplir” e introducir su pene en la vagina, es menos hombre y eso le hace sentirse muy inseguro.

El culto al coito
El culto al coito

Hay muchas personas que han recibido una educación sexual deficiente e incluso nula y eso les provoca muchos problemas a la hora de poder comunicarse con su pareja. Existen conductas machistas que fomentan que un hombre no debe expresar sus sentimientos sobre todo en lo que significa dar y recibir afecto y, en pleno siglo XXI, todavía muchos de ellos se rigen por estos códigos. Un “verdadero hombre” debe estar siempre preparado para satisfacer por completo a su pareja, teniendo erecciones sin dificultad en cualquier momento y aguantando lo máximo posible. Creen que no han estado a la altura si no logran que su pareja tenga un orgasmo, ya que, lo consideran el objetivo a alcanzar y, si no lo consiguen, les crea un estado de inseguridad. Son aquellos hombres que nada más terminar una relación sexual preguntan acerca de su actuación en ella. Necesitan la aprobación de su pareja, una puntuación que les haga sentirse satisfechos, que reafirme su hombría.

Cuando a estos inconvenientes le añadimos algún tipo de disfunción sexual, el problema se agrava y puede ser muy difícil reconducir la situación y recuperar a esa persona. Muchas de las disfunciones sexuales que se producen actualmente vienen provocadas por el cambio de roles que se ha producido en la sociedad. Las mujeres gozan de mayor libertad sexual y ese protagonismo que han adquirido dentro de las relaciones sexuales y la capacidad para gestionar su propia sexualidad ha hecho que muchos hombres no hayan sabido reaccionar y asumir esos cambios.

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