¿Qué hacemos después del sexo?

Después del sexo

¿Qué hacemos después del sexo? Ya se trate de un encuentro sexual esporádico con alguien que acabamos de conocer o, por el contrario, sea un encuentro habitual con nuestra pareja de siempre, puede que esta pregunta nos asalte una vez hemos concluido en la cama. Todos los esfuerzos realizados antes y durante el sexo parecen tener su fin después de llegar al orgasmo. Ahí parece acabar todo. Sin embargo, no tienen por qué ser así. Podemos continuar haciendo cosas divertidas que refuercen el polvo que acabamos de echar y, tal vez, nos dispongan para el siguiente.

Después del sexo
Después del sexo

Por ejemplo, después del sexo podemos comenzar una relajante y divertida sesión de masaje. Masajear la espalda de nuestra pareja sexual, después del sexo, con un buen aceite o crema puede abrir lazos no explorados entre ambos. Las sensaciones cuando el deseo sexual ya no es tan urgente se vuelven más suaves pero, a la vez, más profundas. Sin duda, es una de las mejores opciones que podemos realizar si queremos profundizar en nuestra relación.

Otra buena idea para después del sexo, sin duda, es tomar un buen baño juntos. Relajados, sin prisas, con pocas palabras, disfrutando del silencio o, en su defecto, de una relajante música de ambiente. Los abrazos por detrás son los más celebrados en este contexto. Los susurros al oído, después de la cópula, se vuelven mucho más erotizantes si cabe. Es una de las actividades más valoradas para después del sexo para aquellos que quieren seguir disfrutando de la compañía.

Una breve charla, donde se comente lo bien que se ha pasado durante la sesión de sexo también es una buena actividad para llevar a cabo después del sexo. A todo el mundo le gusta sentirse valorado y el hecho de comentar a nuestra pareja lo bueno que ha sido pasar estos momentos de satisfacción sexual con él siempre son agradecidos. Sube la autoestima y la valoración personal del individuo tanto del que tienen las palabras amables hacia el otro como del que las recibe. No es necesario, más bien es, incluso, poco recomendable, caer en la adulación. Por el contrario, basta con una sinceridad amable que, sin duda, siempre será bien recibida.

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