Masturbarse en el trabajo. ¿Y las mujeres qué?

Masturbarse en el trabajo también es cosa de mujeres

En nuestro post anterior hablábamos de la gran cantidad de hombres que, al menos, han pensado alguna vez en masturbarse en el trabajo. Sin embargo, en ningún momento contemplamos la posibilidad de que también las mujeres incurrieran en este tipo de pensamientos impuros. Como no podía ser de otra manera, obviamos alga que no debimos nunca obviar. Las mujeres también disfrutan del sexo. Las mujeres  también tienen fantasías sexuales. Las mujeres, por supuesto, también han pensado alguna vez en masturbarse en el trabajo. Como podéis imaginar, muchas no sólo lo han pensado.

Masturbarse en el trabajo también es cosa de mujeres
Masturbarse en el trabajo también es cosa de mujeres

Volvamos a los ejemplos que pusimos en nuestra anterior post. Efectivamente, una mujer que trabaje -¡qué sé yo!- en un portal web de anuncios clasificados de prostitución también está expuesta a la belleza explosiva y ligera de ropa de exuberantes varones, en algunos casos, con tamaños completamente desproporcionados. Contemplar este tipo de imágenes también puede subir la libido de cualquier mujer. Pero, efectivamente, como en el caso de los varones, con este tipo de profesión puede que el contacto no se limite a la observación de imágenes, puede que haya que hablar con algunos de ellos y, también puede, que haya que buscar material sexual para dotar de contenidos, por ejemplo, las redes sociales.

Como ejemplo de profesión que no favorece, en absoluto, masturbarse en el trabajo, también en el caso de las féminas podemos mantener el caso de la veterinaria que asiste a las vacas en los partos o que, según el día, actúa como mamporrera en la inseminación de una yegua. Efectivamente, este tipo de profesión no parece que de para acabar en el baño masturbándose.

Desde el punto de vista masculino, un ejercicio que, cuando era más joven, me mantenía alerta todo el rato era imaginar que cualquier compañera de trabajo que iba al baño lo hacía para masturbarse. Os garantizo que este sucio pensamiento era capaz de hacer morbosa a la chica menos deseable. De hecho, os animo a que, ya seáis hombre o mujeres, cada vez que veáis que una compañera de trabajo se levanta para meterse en el baño, os la imaginéis masturbándose a sólo unos metros de vosotros. Ya nunca la miraréis igual.

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