Poner mirando a Cuenca

Mirando a Cuenca

Todos hemos, al menos, pensando en la posibilidad de poner mirando a Cuenca a alguna persona. Resulta más que habitual utilizar esta conocida expresión que, en realidad, vienen a hablar de la posibilidad de poner a una persona en la postura del perrito para mantener sexo con ella. ¡Qué sería del sexo sin el lenguaje coloquial! Vamos, que poner a alguien a cuatro patas para penetrarla, ya sea vaginal o analmente, viene a ser poner a alguien mirando a Cuenca.

Mirando a Cuenca
Mirando a Cuenca

De hecho, la expresión «poner mirando a Cuenca» está tan generalizada y adaptada a nuestro lenguaje habitual que, incluso, existen aplicaciones para dispositivos móviles que, estés en el lugar que estés, son capaces de mostrarte hacia donde está Cuenca para que, sin ningún tipo de problema con la orientación, puedas proceder a poner a tu compañía en tan grata postura. Existe, además, todo tipo de artículos que mencionan la frases. Desde pósters para poner en tu habitación con una flecha señalando  a la ciudad de las casas colgantes hasta salvapantallas para el ordenador. Todo un derroche de medios para mantener viva la tradición de poner mirando a Cuenca a alguien.

El origen de la expresión no está demasiado clara. Lo que sí parece comúnmente aceptado es que se trata de una expresión típicamente cañí. Propia de la parte más castiza de Madrid. Una de las teorías, precisamente, parte de la bases de que esta expresión nació en la capital del Reino de España a raíz de la popular expresión «te voy a poner mirando a la Meca». En realidad. si trazásemos una línea recta entre Madrid y la Meca, necesariamente pasaríamos por Cuenca por lo que, en realidad, poner mirando  a la Meca y mirando a Cuenca, en este sentido, es exactamente lo mismo. Si tenemos en cuenta que las personas que por su religión se ponen mirando a la Meca para orar adoptan una postura muy similar a la que nos ocupa, parece que todo cobra sentido.

En cualquier caso, lo realmente importante es no perder nunca la expectativa de poner o ser puesto mirando a Cuenca, dependiendo, por supuesto, de nuestras preferencias sexuales, respetables en cualquier caso.

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