La regla de los diez segundos

Diez segundos

La regla de los diez segundos casi nunca falla. Es conocido que en torno al 80% de la información que nos llega del mundo exterior entra en nosotros a través de los ojos. Nuestro sentido de la vista es 20 veces más potente que el del oído. tanto es así que podemos llegar a captar más de un millo u medio de mensajes simultáneos utilizando, únicamente, nuestra mirada. Precisamente en esto se basa la regla de los diez segundos.

Diez segundos
Diez segundos

Cuando oteamos el mundo que nos rodea y, por tanto, a las personas que nos acompañan, especialmente si son desconocidos, suele suceder que cruzamos la mirada con alguien. o norma es que ambas personas nos sintamos incómodas con el encuentro  tan pronto como nos demos cuenta. La exploración normal del rostro de una persona desconocida no nos lleva más de 3 segundos. Si en esta situación, por ejemplo en el metro, alguien te mantiene la mirada durante más de diez segundos, sin duda, busca sexo.

El contacto prolongado de la vista dentre dos personas alcanza a producir reacciones que acaban en emociones muy intensas. El sistema nervioso se activa y hace que le ritmo cardiaco aumente y con él, el flujo de sangre que el corazón bombea. Por supuesto, la producción de algunas hormonas que guardan relación con el sexo comienza a tener lugar. Sobrepasados los diez segundos de mirada fija y sostenida, el encuentro sexual es cuestión de tiempo.

Basca con que echemos un vistazo rápido al rostro de una persona desconocida para que descubramos los sentimientos más típicos, como son la listeza, la alegría o el enfado. pero el contacto visual no acaba ahí. Parece que, además, es la forma más eficaz que se conoce par ademar claro un latente interés sexual en la persona observada. En realidad, unos pocos segundos nos bastan para que sepamos de primera mano si estamos ligando o no con alguien. Diez segundos son suficientes.

Cuando alguien se fin¡ja en nuestro rostro, nos fija la mirada y la mantiene durante unos segundos, la retira para buscar en el resto de la estancia y, finalmente, vuelve a nosotros para mantenernos la mirada por diez segundos, al menos, no cabe duda. Es más que probable que hoy compartamos la cama con él o ella.

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