¿Sabes excitar a una mujer?

Excitar a una mujer

¿Sabes excitar a una mujer? Muchas veces creemos que lo hacemos mejor de lo que, en realidad, sabemos hacer. En ocasiones, en materia sexual, nos valoramos más de lo que realmente merecemos. Y el primer punto a tener en cuenta en este sentido es, sin duda, la capacidad para excitar a una mujer. Todos creemos saber cómo se hace pero, ¿en realidad sabemos hacerlo? Por supuesto que no hay recetas, cada mujer es diferente y son diferentes las cosas que le provocan excitación, eso es así. Pero, sin embargo, hay una serie de cuestiones comunes a casi todas que nos darán una pista bastante certera de cómo hemos de acturar con una mujer para excitarla como se merece.

Excitar a una mujer
Excitar a una mujer

La primera cosa, en materia sexual, que le gusta a todas las mujeres es que les dediquemos su tiempo. Claro que, en ocasiones, a ellas también les gusta el «aquí te pillo aquí te mato» pero, para ello, el nivel de calentón debe ser muy alto. Para excitar a una mujer, por regla general, tenemos que dedicarle un tiempo considerable. no hay que tener ningún tipo de prisas.

La segunda cuestión a tener en cuenta par excitar a una mujer es tratarla con toda la delicadeza de la que seamos capaces. Las caricias, la ternura y los susurros hacen más para excitar a una mujer que hacernos los marchitos y exhibir una fuerza sobrenatural. Sé delicado con cada una de las acciones que lleves a cabo. No te olvides de esto, resulta completamente imprescindible.

Para excitar a una mujer, además de todo lo anterior, debemos conocer cuales son sus zonas erógenas. Evidentemente, todos sabemos que la vagina en general y el clítoris en particular son las zonas con mayores terminaciones nerviosas y, por lo tanto, con mayor capacidad para recibir placer. Sin embargo, también hemos de conocer que, sin el suficiente nivel de excitación no se ponen en marcha. por lo tanto, hemos de comenzar por las zonas erógenas más distantes de la vagina. El cuello, los pechos, concretamente en los pezones, el ombligo o las caras internas de los muslos son suficiéntemente erógenos como para dedicarnos un buen tiempo a ellos.

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