Frases que no se deben decir tras el sexo

Frases para no decir en la cama

Hay frases que no se deben decir tras el sexo. Al menos si no quieres hundir para siempre a tu compañero de encuentros sexuales. Es cierto que no siempre recibimos aquello que buscamos y más cierto que, en ocasiones, nuestros compañeros de andanzas sexuales no están a la altura de las circunstancias. No es bueno callarse, por supuesto, debemos sincerarnos y expresar aquello que nos ha hecho, o mejor dicho que no no has hecho, sentir. Sin embargo, tampoco pasa nada por hacerlo con un poco de tacto. Algunas frases, dichas justo después de un encuentro sexual pueden resultar absolutamente lapidarias. Vamos a hacer un pequeño recorrido por algunas de ellas.

Frases para no decir en la cama
Frases para no decir en la cama

Sin duda, la frase más temida por los varones justo tras eyacular es la conocidísima: «¿ya?». O todas su infinita gama de variantes. Vamos a enumerar algunas de las posibilidades. A saber:

– ¿Eso es todo?

– ¿Ya te has corrido?

– ¿Ya has terminado?

– Pero.. ¿en serio que te corriste?

– ¿En serio?

En cualquier caso, si doloroso resulta recibir cualquiera de las frases anteriores, completamente desprovistas de compasión, más doloroso resulta escuchar cierto tono de condescendencia que, desde luego, no hace ningún bien a la autoestima. En realidad, este tipo de frases son una mezcla de la crueldad latente en las frases anteriores  con todo el daño que hace una asertividad impostada. Por ejemplo:

– No te preocupes, no pasa nada.

– Todos cometemos errores alguna vez.

– No, si un mal día lo tienen cualquiera.

– No se lo contaré a nadie.

– Tranquilo, seguro que en otra ocasión.

Otra de las frases más lapidarias son aquellas que obian lo sucedido, o lo que apenas sucedió, y tratan de ponerte rápidamente en otro contexto, en otra situación, como si esto nunca hubiése sucedido y no estuviese aún caliente la prueba inequívoca del delito apresurado cometido. Algunos clásicos al respecto podrían ser estos:

– Y dime… ¿qué tal el trabajo?

– ¿Cómo anda tu madre?

– ¿Al final acabaste la carrera?

– ¿Te has planteado depilarte el pecho?

– ¿Tomas leche desnatada o entera?

Por supuesto, las posibilidades son muchas más, sólo pretendíamos abrir el camino a vuestra imaginación. Si has llegado hasta aquí, seguro que hemos cumplido con nuestro cometido.

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