Objetos para usar de consolador

Salchichas congeladas como consolador

Un consolador no deja de ser un objeto que suele tener forma fálica y que se usa para la estimulación sexual, principalmente de las mujeres. En ese caso, no hace falta que esté destinado explícitamente para ese fin, sino que lo significativo para llamarlo consolador o no es el uso que le demos. Resulta sorprendente la cantidad de objetos de nuestra vida cotidiana que podríamos utilizar como consolador. En cualquier caso, si decides utilizar alguno de ellos, no olvides extremar la seguridad y la higiene.

Salchichas congeladas como consolador
Salchichas congeladas como consolador

Uno de los objetos que se utilizan como consolador por determinadas mujeres y, probablemente, uno de los más sorprendentes, es la bomba de agua del acuario. Su forma alargada y su capacidad para bombear agua o el líquido que decidamos utilizar lo hacen absolutamente ideal para las funciones que buscamos de este tipo de objetos.

Otro utensilio de lo más ingenioso, a la vez que eficaz, para usarlo como consolador es un masajeador de espalda. SUs mùltiples bolas de madera y y su facilidad para tomarlo con una sola mano lo hacen un objeto ideal para realizar masajes en el clítoris y en la vulva. En este caso, la forma fálica brilla por su ausencia, pero la masturbación no sólo tiene que ver con la introducción de objetos en la vajina sino también con la estimulación del clítoris y, para ello, este objeto resulta estupendo.

Las verduras con forma de pene han sido un clásico en este tipo de prácticas. Utilizar un pepino, un calabacín o, incluso, una berenjena como consolador es algo que se da con mucha frecuencia. en todos los casos se debe tener muy presente el sentido común y una extrema atención por la higiene. Hay mujeres a las que les excita especialmente utilizar verduras de un tamaño desproporcionado. Cuando esto sucede, las medidas de precaución que se deben tomar han de ser aún mayores.

Otros objetos habituales que las mujeres utilizarn a modo de consolador son los chorros de agua de la piscina, el mango de un espejo de mano, la esquina de la mesa e, incluso, las salchicas congeladas. En la variedad está el gusto.

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