Miedo al sexo

Miedo al sexo

El miedo al sexo, lamentablemente, está muy presente en nuestra sociedad. De hecho, se trata de uno de las secretos que se confiesan con mayor dificultad antes de enfrentarse a una relación nueva. El origen de este miedo al sexo puede estar en muy diferentes lugares. Empezando por el pudor, sin más, pasando por el terror que nos puede dar enfrentarnos a la posibilidad de no estar a la altura de las circunstancias y terminando en otras situaciones más terribles como abusos anteriores que condicionan nuestra sexualidad posterior.

Miedo al sexo
Miedo al sexo

Las inseguridades son las que más presencia tienen cuando aparece el miedo al sexo ya que, a pesar de estar ante una de las situaciones más placenteras que podamos experimentar, resulta inevitable que aparezcan, en ocasiones, con mayor o menor fundamento, en algún momento de nuestra vida para provocarnos miedo al sexo.

SIempre resulta interesante, cuando estamos en este tipo de situaciones, intentar descubri dónde está el origen de este miedo al sexo. Los casos más sencillos se dan cuando se tienen demasiada inexperiencia y no sabemos con qué nos vamos a encontrar pero, generalmente, este tipo de situaciones se suelen acabar solucionando con el devenir inexorable del tiempo.
Una muy buena idea para evitar el miedo al sexo consiste en explorar tu cuerpo, ya seas hombre o mujer, con frecuencia cuando el problema está en la falta de confianza, éste se suele solucionar conociendonos a nosotros mismos y, para ello, nada mejor que saber qué respuestas puede dar nuestro cuerpo a determinados estímulos. La masturbación, por supeusto, ocupa un lugar predominante en este descubrimiento.
Llevar el conocimeinto sobre tu cuerpo que has ido descubirendo por ti mismo a tus relaciones de pareja de forma progresiva puede ser una excelente idea. No es preciso ofrecer el catálogo completo de posiciones sexuales en la primera relación sexual. Nuestra vida no es una pelócula porno que requiera que, en cada escena haya la suficiente dinámica como para que el espectador no pierda el interés. Al contrario, podemos centrarnos, al prinicipio y para ganar confianza, en aquellas cosas que sabemos que nos resultan placenteras y dejar otras prácticas menos connocidad para más adelante.

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