El festival del pene en Japón

El festival del pene

El festival del pene de Japón, aunque pueda sonar a broma, no sólo no lo es sino que, además, es un evento profundamente arraigado en la cultura nipona. Es cierto que los japoneses, en general, suelen ser callados y discretos con sus cosas. También es justo señalar que es difícil encontrar personas más respetuosas con el resto de las personas y sus costumbres. En cualquier caso, aunque parecen, en general, personas serias, lo cierto es que tienen un gran sentido del humor que está presente en todas y cada una de sus manifestaciones sociales. El festival del pene de Japón es, sin duda, un buen ejemplo de esto último.

El festival del pene
El festival del pene

Bien es cierto que Japón no es el único con tradición en la celebración del festival del pene. En la India también celebran un acontecimiento similar en el que se rinde pleitesía al miembro viril masculino. En cualquier caso, el acto que se celebra en la India suele ser más formal y menos festivo que el que la tradición nipona se encarga de celebrar cada año.

El Kanamara Matsuri, como llaman los japoneses al festival del pene, se celebra el primer domingo del mes de abril. La festividad se celebra en la ciudad de Kawasaki. Se trata, sin duda, de la festividad más bizarra del calendario nipón. Se trata de que una procesión de fieles cargan desde el templo un enorme falo que recorre las calles sobre un grupo de vecinos que se visten de trabajadoras del sexo. A lo largo del recorrido se agolpa la multitud, incluidos los niños, que no quieren perderse la celebración. También se observan normalmente, al paso de la comitiva, un buen número de puestos de souvenirs donde los visitantes adquieren todo tipo de productos relacionados con la festividad, especialmente penes de diferentes tamaños, colores y texturas.

Pero si hay algo que no falta en absoluto en ningún punto del recorrido es la risa y la complicidad de todos los participantes. Desde los organizadores, hasta los turistas sorprendidos por este festival del pene, pasando por los pasacalles o los propietarios de los puestos de venta de recuerdos, todos participan de una forma alegre y desenfadada en este ritual que parece que proviene en una leyenda de origen pagano.

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