El sexo como un robot

Sexo como un robot

Practicar el sexo como un robot no es buena idea nunca. Cuando esto sucede, se suele dar que existe un importante miedo a lo sexual con otra persona. Lamentablemente, nuestra sociedad ha venido marcando estereotipos sexuales a los diferentes géneros. Así se ha considerado una actitud sexual femenina lo relacionado con las manifestaciones de amor y la ternura mientras que, en cambio, manifestaciones agresivas e, incluso, hostiles se han relacionado con lo masculino. Estos absurdos roles impuestos desde bien temprano ha construido un buen número de adultos confundidos que no son capaces sino de reprimir su sexualidad. Precisamente este es el germen de aquello que conocemos como practicar el sexo como un robot.

Sexo como un robot
Sexo como un robot

Los animales viven el sexo por instinto como algo limitado a la reproducción exclusivamente. En cambio, por suerte, en el género humano, hombres y mujeres tienen la posibilidad, la necesidad y diría que la obligación de que su sexualidad esté conformada por mucho más la reproducción. Un mundo de sensaciones, sentimientos y afectos rodea al sexo y perderse esta parta es renunciar a algo absolutamente mágico. Evitar vivir el sexo como un robot es una necesidad a la que nadie deberán renunciar.

Nuestra sexualidad nos permite disfrutar de cosas tan especiales como poder contemplar la cara de placer de la persona con la que estamos compartiendo encuentro sexual. Renunciar a algo así no tienen sentido. El roce con el cuerpo de la otra persona puede resultar algo que invoque todo tipo de sensibilidades y no parece inteligente perderse algo así.

El ser humano no puede ni debe vivir el sexo como un robot. Los hombres y mujeres tenemos la necesidad psicológica de disfrutar con el contacto físico, de gozar de nuestros cuerpos, de hacer disfrutar a los demás con nuestras imperfecciones. La necesidad de sexo, por fuerte que sea, siempre estará supeditada a las anteriores. En ningún caso podemos entender el sexo como un mero vehículo de procreación para perpetuar la especie. Renunciar al placer que supone vivir de forma sana y saludable la propia sexualidad, siempre desde el respeto a la de los demás, resulta una prioridad inalienable para el género humano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *