Compartir cama sin sexo

Compartir cama sin sexo

Compartir cama sin sexo es algo que, lamentablemente, se da cada vez con más frecuencia entre parejas. Normalmente, uno de los dos ha comenzado a dejar de tener apetencia sexual para con su pareja, la otra parte se acostumbra y así muere el deseo. En realidad, la ausencia de sexo entre parejas sólo es una señal de que algo de mayor magnitud está sucediendo. Suele suceder que las parejas prestan atención a la ausencia de deseo sexual pero eso es porque no analizan el resto del entorno de convivencia. Si así lo hicieran descubrirían que el sexo, su ausencia más bien, es sólo la punta del iceberg. Compartir cama sin sexo, en realidad, es sólo una de las cosas que están sucediendo. NI siquiera la más importante.

Compartir cama sin sexo
Compartir cama sin sexo

En ocasiones, este letargo dura un tiempo determinado, más o menos largo, pero, finalmente, se despierta de él. A veces, la terapia conjunta funciona. Cuando esto sucede, siempre con ambas partes de acuerdo, las parejas suelen descubrir cosas de ellos mismos y de su relación de los que ni siquiera tenían conciencia. La comunicación suele ser uno de estos descubrimientos. En realidad, cuando una pareja pasa por el trance de compartir la cama sin mantener sexo, una de las cosas que, sin duda, están fallando es la comunicación.

Como en todo, no todos los casos son iguales. En ocasiones, cuando se pierde el deseo sexual  no todo el mundo se siente afectado de la misma manera. De hecho, lo más común suele ser que uno de los dos sí quiera mantener relaciones sexuales mientras que sea la otra parte la que sistemáticamente las niega. Por ahí aparece la frustración y se convertirá en una fuente de peleas, culpas, rabias acumuladas y reproches. Compartir cama sin sexo durante un tiempo my prolongado genera estas y más sensaciones negativas.

La ausencia de ganas de sexo, es decir, el síndrome de deseo hipoactivo, el hecho de compartir cama con nuestra pareja sin mantener relaciones sexuales en un tiempo muy prolongado,  en definitiva, se suele traducir en aburrimiento, en escasa comunicación de tipo asertivo, en pérdida de confianza hacia la otra parte y en el rechazo al proyecto de vida con el otro.

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