El hueso en el pene

Sin hueso en el pene

Más de uno se ha preguntado alguna vez que por qué no tiene hueso en el pene. Si es así, un grupo de investigadores británicos han enceontrado una respuesta para ti. Parece que tiene relación con la elección de ser monógamos de hace caso dos millones de años. Es decir, que porque unos cuantos homínidos decidieron mantener una pareja para toda la vida, además de las ventajas de la poligamia, también hemos perdido la posibilidad de que nuestras erecciones fuesen un asunto menos complicado. Bromas a parte, hemos de reconocer que teenr un hueso en el pene facilitaría muchas cosas, al menos en determinados momentos.

Sin hueso en el pene
Sin hueso en el pene

Parece que el estudio procedió al exámen riguroso del báculo de algunos primates que conservan un hueso en el pene que desarrollaron hace más de cincuenta millones de años. este hueso también recibe el nombre de hueso peneano. El caso es que, según la evolución de las diferentes especies, en algunas se hizo más largo, en otras se acortó y en otras, como la raza humana, sencillamente desapareció.

Parece que la longitud total del báculo, o hueso en el pene en aquellas especies que aún lo conservan, depende, fundamentalmente, de la duración de su sesión de apareamiento. Cuanto mayor duración llega a tener el encuentro sexual, más longitud presenta el hueso peneano. Los especímenes más viejos precisaban de un apareamiento de mayor duración para ser capaces de transmitir sus genes, salvo en el caso de que otro maho se aparease con la hembra en el justo instante de haber terminado el primero.

Los seres humanos, en su premanente búsqueda de la tranquilidad relativa, dejamos de ir intercambiando parejas y nos relajamos bastante en ese sentido. Al dejar de ser un elemento importante para la transmisión de nuestros genes, la desaparición del hueso del pene pasó a ser cuestión de tiempo.

En cualquier caso, no es necesario tener envidia por nuestros antepasados. Para entenderlo bien, basta con que sepamos que el pene de un gorila adulto alcanza, en erección, el tamaó de una pulgada y media, a pesar de que él sí que cuenta con su báculo.

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