Más sobre el cine erótico

Más cine erótico

El cine erótivco ocupó nuestra anterior entrada. Las limitaciones de espacio dejaropn fuera algunas de las mejores películas de este género. Por supuesto, no podíamos permitir que esto sucediese y, aunque en algún momento hemos de parar y, lamentablemente, siempre quedaran fuera algunas obras de arte de este género, no vamos a dejar pasar la oportunicad de continuar, al menos un poco más, con la relación de algunas de las que, a nuestro parecer, son las mejores películas del cine erótico convencional.

Más cine erótico
Más cine erótico

Instinto básico es, sin duda, un clásico entre los clásicos del cine erótico. La película es una colección de situaciones que provocan una inumerable lista de juegos de seducción que provocan una inmensa sucesión de encuentros sexuales salpicadas de mentiras mientras la trama de la película transucrre en busca de la resolución del misterio que les ocupa. Ni que decir tienen que la escena que nos provoca mayor tensión sexual aún a estas alturas es en la que la bellísima Sharon Stone lleva a cabo el cruce de piernas más famoso de la historia.

Lucía y el sexo es una de las opciones más brillantes que podemos traer a esta entrada como representante del cine erótico español. Si bien existen un buen número de cintas del género que alcanzan un notable nivel, probablemnte sea esta la más atractiva para el público. El director del film, Julio Médem, muestra un buen número de escenas de sexo explícito para contextualizar perfectamente la visión del mundo interior de Lucía, una camarera de Madrid que huye a Formentera tras la desaparición inesperada de su novio. Como curiosidad, hoesmo de mencionar que para poder mostrar la cinta en Estados Unidos, duen necesario una segunda versión sin sexo explícito.

La mayor tensión sexual que ha existido nunca en el cine erótico convencional proviene de Nueve semanas y media. Desde el momento en que, por primera vez, se cruzan las miradas de nuestros dos protagonistas, se nota la conexión sexual instantánea que se produce y que se traslada al otro lado de la pantalla gigante. El calor que generan el ensimismado trabajador de Wall Street y la divorviada propietaria de una galería de arte genera un clima de sexualidad pocas veces antes conseguido en el cine.

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