La sensación del deseo

La sensación del deseo

La sensación del deseo es, probablemente, una de las más potentes de las que pueda disfrutar un ser humano. Además, funciona en ambos sentidos. Hay épocas en las que nos gusta sentirnos deseados y, cuando eso sucede, las sensaciones que podemos llegar a experimentar son extraordinarias. Pero no lo son menos extraordinarias cuando es alguien quien nos transmite esa sensación de deseo. La atracción física y sexual que nos puede hacer llegar una persona también conduce a increíbles sensaciones para nosotros. La sensación del deseo, sin duda, es una de las más invceíbles que una persona puede tener.

La sensación del deseo
La sensación del deseo

La sensación del deseo a través de los ojos de una persona que se siente deseada puede vivirse a través de una serie de agradables reacciones que pueden convertirse en algo tremendamente excitante. Son muchas las maneras en las que se puede llegar a manifestar el deseo de una persona por otra. Desde la más inocente mirada hasta el gesto más lascivo. Una simple caricia puede llegar a despertar la pasión más encendida en la persona que está embargada por el deseo.

Observar  una permanente actitud de exploración respecto al sexo no es más que convertir, permanetemente, la energía sexual que generamos en la búsqueda constante de nuevos alicientes. Cuando una persona se siente inundada de la sensación del deseo es capaz de hacer cercer de forma exponencial su energía sexual y la que es capaz de transmitir. Sin duda, se trata de una ocasión única par aalcanzar la plenitud sexual, al menos en la experienceia que nos ocupa. Además, la retroalimentación permanente del ciclo hará que el proceso nunca acabe.

Nada resulta más excitante para una persona que excitar sexualmente a otra persna. Cuando la sensación del deseo nos llega en forma de la atracción sexual que desprendemos para otra persona, resulta muy facil que esa corriente invierta su sentido y provoque una respuesta parecida en nosotros. La sensación del deseo resulta tan extraordinariamente potente que es capaz de obrar el milagro de la atracción física tanto en un sentido como en el otro. Todos somos diferentes, pero, a menudo nos unen algunas cosas. Muchas de ellas resultan derivar del deseo.

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