La prostitución y la Historia

Prostitución

A pesar de estar fuertemente diseminada en el sentido común, la idea de que la prostitución sea la profesión más antigua de la Historia no encuentra ningún fundamento histórico o antropológico, ya que los registros más antiguos de actividades humanas revelan las más variadas especializaciones como la agricultura y la caza pero, raramente, revelan indicios de prostitución que, normalmente, exige un contexto social posterior.

En Egipto antiguo, en la región de Mesopotamia y Grecia, se veía que la práctica tenía una ritualización. Las prostitutas, consideradas grandes sacerdotisas y, por lo tanto sagradas, recibían honores de verdaderas divinidades y regalos a cambio de favores sexuales.  Más adelante, en la época en que Grecia y Roma polarizaron el dominio cultural, las prostitutas eran admiradas, pero tenían que pagar importantes ​​impuestos al Estado para practicar su profesión. También deberían utilizar vestimentas que las identificasen, ya que de lo contrario se sancionaría severamente.

Prostitución
Prostitución

Si nos acercamos a la antigua Israel, la prostitución era severamente reprimida dentro de la cultura judía. Según la ley mosaica, las prostitutas podrían ser sometidas a penas severas hasta con la muerte. Sin embargo, se observa que en la práctica hubo situaciones de tolerancia, como se ve en la historia de Raabe contada en el libro de Josué durante la conquista de Jericó. Durante la Edad Media existió el intento masivo de eliminar la prostitución, impulsado, en parte, por la moral cristiana pero también en el gran brote de las ETS, principalmente sífilis. En cambio, existía el culto al matrimonio cortés, donde la política y la economía sobrepujaban a los sentimientos, y las uniones eran arregladas solamente por interés, acto este que, por sí solo, ya se podría considerar como prostitución, circunstancias que refuerzan aún más la prostitución.

Tras la reforma religiosa del siglo XVI, el puritanismo comenzó a influir de forma significativa en la política y las costumbres. La Iglesia Católica enfrentó frontalmente el problema de la prostitución, lanzando mano de recursos teológicos (dogmas, tradición y textos bíblicos). Con la acción de la Iglesia Católica y de las iglesias protestantes que surgían la prostitución fue relegada a una posición de clandestinidad, a pesar de la persistencia de algunas cortesanas en las cortes europeas y sus colonias.

Con el advenimiento de la Revolución Industrial, hubo un crecimiento en la prostitución. Las mujeres de entonces pasaron a pertenecer a la fuerza de trabajo, y como las condiciones eran inhumanas, muchas pasaron a prostituirse a cambio de favores de los patrones y capataces, expandiendo nuevamente la prostitución y el tráfico de mujeres.

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