La cama de agua como juguete sexual

Cama de agua

La cama de agua es, sin duda, uno de los juguetes sexuales más ingeniosos que existen. En muchos hoteles destinados a encuentros de parejas tenemos este tipo de mobiliario. Sin duda, es una eperiencia única practicar sexo en una cama de agua. Es cierto que todos las hemos visto. Probablemente, también las hayamos usado con un fin sexual en algún momento de nuestra vida. Sin embargo,  resulta bastante probable que desconozcas su origen.

En realidad, en contra de lo que se acostumbra a pensar, las camas de agua no son un invento moderno. Ni mucho menos. En realidad, se utilizan desde hace más de 3000 años. Soprprendente, ¿no es así? En realidad, los tejifos utilizados eran otros muy diferentes a los actuales. Ya los persas utilizaban sacos hechos de piel de cabra secada al sol para rellenarlos de agua y usarlos como colchón.

El viaje de la cama de agua desde los persas hasta el siglo XIX no está nada claro. El caso es que se conservan registros de finales del XIX donde la cama de agua es uno de los tratamientos. Es decir, que durante esta época se le daba un uso medicinal a este maravilloso invento.

Una leyenda urbana cuenta que la cama de agua, tal cual hoy la conocemos, es un invento del escritor Robert A. Heinlen. Cuentan que, para tratar una tuberculosis que le tenia postrado en cama y que, además, le costó su expulsión del ejército, el escritor norteamericano de ciencia ficción ideó este artilugio. Sin embargo, no tenemos ninguna prueba de que esto sea así. Solo ha llegado hasta nosotros la descripción de la cama de agua que realizó en algunas de sus novelas.

De hecho, cuando en 1968m Charles Hall trató de patentar el invento, las autoridades norteamericanas no lo aceptaron ya que entendieron que se trataba de una copia del artilugio descrito en las novelas de Heinlen.

En 1971, se registró una patente en el Estada de San Francisco. Desde ese momometno, la popularidad de la cama de agua creció, especialmente en EEUU. En realidad, ni como método terapéutico ni como utensilio sexual sino como símbolo de confort y de clase social.

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