El sexo y el riesgo de infarto

El sexo y el riesgo de infarto

Que el sexo y el riesgo de infarto están relacionados es algo que se conoce desde hace mucho tiempo. De hecho, son muchas las enfermedades que remiten o mejoran significativamente con al práctica habitual de sexo. Más de las que creemos. No hay nada mejor para la salud de un individuo que la práctica sexual satisfactoria y habitual. Como siempre sospechamos. De una manera clara y taxativa podemos anunciar, amparados en las investigaciones científicas, que el sexo reduce significativamente las posibilidades de padecer un infarto. Esto es así.

La prestigiosa publicación médica “The American Journal of Cardiology”, publicó, recientemente un estudio en el que concluye que aquellos varones que mantenían, regualarmente, al menos dos relaciones sexuales por semana, llegaban a tener hasta un 50% menos de posibilidades de sufrir un infarto. Por el contrario, las posibilidades aumentaban muy significativamente cuando se trataba de varones que solo mantenían una relación sexual al mes. La tendencia parece clara. ¿No os parece?

En el caso de la mujer, el mismo estudio citado en el párrafo anterior, relaciona la ausencia de orgasmo con un mayor riesgo de accidente cardiovascular. El estudio, finalmente, concluye que las mujeres que han sufrido un infarto tienen menos posibilidades de sentir placer sexual que las que no habían tenido ningún problema cardiovascular. Resulta curiosa la coincidencia. ¿No es así?

Durante el orgamso, tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres, se liberan un buen número de hormonas. Algunas son la adrenalina, endorfina y oxitocina. Uno de los efectos de esta liberación es su actuación como vasolidatadores. Cuando así sucede, la circulación sanguínea por las arterias mejora de una forma importante. De esta manera se evita la formación de coágulos. Disminuyendo, por tanto, el riesgo de colapso. ¡Bien por el sexo!

Pero, además, la práctica sexual habitual reduce la sensación de estrés. Hace que mejore la salud emocional llegando a límites insospechados. Los niveles de inmunoglobina se disparan, ofreciendo, de esta manera una mayor resistencia ante posibles infecciones y enfermedades al acecho. De manera que la práctica sexual sana solo está relacionada con cuestiones positivas. De manera que podemos concluir, una vez más, que una vida sexual activa y sana mejora de una manera muy importante nuestra salud. Con todo lo que ello implica.

 

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