¿Para qué sirve una vagina?

¿Para qué sirve una vagina?

¿Para qué sirve una vagina? ¿No os lo habéis reguntado nunca? Seguro que sí. Seguro que todos los que os habéis hecho la pregunta, habéis obtenido una respuesta que os ha satisfecho. Otra cosa bien diferente es que esa respuesta, de verdad, se ajustase a la ralidad o no. La mayorái de las personas del mundo tienen una idea de lo que es una vagian pero no tienen ni idea de para qué sirve.

Puede que a algunos de vosotros os resulta absurda esta pregunta Siun embargo, a día de hoy, una gran cantidad de hombres y mujeres desconocen la función que ha de desempeñar la vagina. Existe un gran desconocimiento acerca de esta parte imprescindible de la anatomía femenina.

Pues bien, la principal función de la vagina es servir como canal para el parto. ¿Decepcionados? Pues sí. Esta y no otra es la función que tienen prioridad en esta parte del aparato reproductor femenino. Por más que muchos pensáseis que era otra muy diferente. De hecho, prcisamente por esto, la vagina no es una zona especialmente sensible. Si lo fuera, el dolor que provoca el parto sería completamente inaguantable. Afortunadamente, pues, no está dotada con una sensibilidad especial.

Si nos ponemos a hacer un ejercicio de imaginación, quizás seamos capaces de alcanzar algunas de las respuestas que precisamos. Para hacernos una idea: imaginemos que la vagina tienen la misma sensibilidad que el clítoris. El momento del parto sería una auténtica tortura insoportable. No cabe duda. Freud fue el primero que distinguió los lugares de procedencia del orgasmo: vagina y clítoris. SIn embargo, se trató de una estrepitoso error.

Alcanzar un orgasmo para una mujer no depende, ni mucho menos, de la zona que estimulemos. En general, si la calidad del sexo que practicamos es aceptable, el orgasmo de la mujer vienen solo. No es preciso obsesionarse con ello. Entonces la pregunta sería: ¿Y cómo conseguimos un buen sexo? Esta respuesta ya resulta más complicada. Sobre todo porque la solución está en la mente de cada uno. Una vez más, en cuestiones sexuales no hay recetas universales que nos valgan para todos.

 

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