Promiscuidad e infidelidad

Promiscuidad
La prosmicuidad y la infidelidad no tienen, necesariamente, que ir de la mano. Ni mucho menos. En realidad, no tienen nada que ver una cosa y otra. La prosmicuidad está basada en la búsqueda de encuentros sexuales en los que el amor no resulta ser el sustento fundamental. Por eso, habitualmente, las personas que son promiscuas viven sus aventuras secuales donde lo único importante es el sexo y, por otro lado, pueden enamorarse de su pareja. No existen interferencias entre una cosa y otra.

Hay personas que soportan padecer la infidelidad hasta que resulta un escándalo social. También existen personas que condiben como inmoral la promiscuidad, exista infidelidad o no. En este asunto, como no podía ser de otro modo, hay opiniones para todos los gustos. Esto es así. Sin embargo, las parejas en las que ambas partes son promiscuas saben muy bien diferenciar entre estas dos opciones. En estos casos nunca hay engaños. Ambas partes saben muy bien lo que hace la otra. Nunca se esconden ni hay mentiras. Y precisamente ahí está la base de este tipo de relación.

Es cierto que diferentes parejas pueden mostrar diferentes tipos de tolerancia a la promiscuidad. No hay reglas exactas tampoco en este caso. Existen parejas que acuden juntas a ocales de intercambio de parejas, por ejemplo. Y con el amor siempre presente. Otros permiten que su pareja goce de su sexualidad en otros ámbitos diferenes al de la pareja pero prefieren no estar presentes. Otros, en cambio, jamás se plantearían, siquiera, continuar con una persona que hubiese tenido una aventura fuera de la pareja.

Pero si algo resulta común a todas estas historias es que el amor se reserva para la pareja. Es el sexo lo único que sale del ámbito familiar de la persona promiscua. De hecho, suele ser la principal de las reglas de aquellas parejas que optan por tener una relación abierta. Por no decir la única en estos casos. En este tipo de pareja, las mentiras están prohibidas pero, al mismo nivel de veto podemos encontrar a los celos. Sin duda, uno de los enemigos más importantes de casi cualqueir tipo de relación.

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