Formas de llamar a la vagina

Vagina

Tenemos un montón de formas de llamar a la vagina. Si hace unos días dedicábamos nuestra entrada diaria a las diferentes maneras que tenemos para nombrar al pene, hoy le vamos a dedicar este espacio a realizar el mismo ejercicio pero con el aparato genital femenino. Lo cierto es que, aunque no conozcamos muy bien el motivo, tenemos una enorme cantidad de palabras para referirnos a los genitales. Ya sean masculinos o femeninos. Ahí van un buen número de formas que podemos utilizar para llamar a la vagina.

Pucha. Es curioso. Si consultamos esta palabra en el diccionario de al RAE, podemos ver que se utiliza también como sinónimo de prostituta. De hecho, en ocasiones se utiliza en forma de eufemismo. También resulta habitual el uso de su diminutivo.

Papaya. Si no entiendes por qué se utiliza el nombre de esta fruta tropical para nombrar a la vagina, basta que cojas una, la cortes por la mitad y observes detenidamente. Está bastante claro, ¿no es así?

El tesorito. Sin duda, esta es una de neustras preferidas. No hace tanto, las madres pedían encarecidamente a sus hijas que conservaran su tesorito para llegar vírgenes al matrimonio. Precioso, ¿no os parece?

Concha. En España existen un buen número de mujeres que se llaman Concepción. Sin embargo, el diminutivo «Concha» no solo se utiliza para referirse a ellas.

Sacapuntas. Poca explicación precisa esta forma de referirse a la vagina. Sinceramente, nos parece un poco superficial.

Gigina. Sin duda, es la que más se acerca a su nombre correcto. Es posible que los problemas de dicción anden detrás del uso de esta palabra.

Pepa o pepita. Una pepa es una semilla. Observen el capuchón de un clítoris y entenderán de qué estamos hablando. Su uso en diminutivo cariñoso está my extendido.

Chocho. Nada que añadir. En determinadas zonas es la forma más común de referirse a la vagina. Tiene otras acepciones que nada tienen que ver con el asunto que nos ocupa.

Panocha. Su nombre es similar a una suerte de manjares yucatecos,  los panuchos.  Sin embargo, no se trata de eso. Puede que el dulzor característico sea el origen de esta metáfora.

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