Hablamos sobre la atracción sexual

Atracción sexual

La atracción sexual es la base del deseo sexual. Se trata de la calidad del interés relacionado con el sexo que somos capaces de despertar. Cada individuo cuenta con su propia capacidad para atraer el interés erótico o sexual de otras personas. Se trata de uno de los factores más influyentes, si no el que más, en la selección sexual, que es aquella que utilizamos los seres humanos para elegir nuestra pareja. Cuando hablamos de elegir nuestra pareja lo hacemos en el más amplio sentido de la expresión. Es decir, tanto en lo referido a nuestra elección de la pareja que pretende ser estable y con la que queremos convivir, como en la que elegimos para pasar una noche de sexo.

La atracción sexual no se limita a las cualidades físicas. Es evidente que estas juegan un papel muy importante. Sin embargo, no son las únicas que intervienen en este proceso de selección. Son determinantes, por supuesto, algunas cuestiones físicas que todos tenemos presentes. Por ejemplo, la belleza del rostro. También podemos citar en este apartado el estado de forma física. Pero también entran en juego otras factores físicos que, probablemente, no hayamos reparado en ellos. El olor corporal, el todo de la voz o la forma de caminar son otras cuestiones físicas que intervienen en este proceso.

A pesar de que se ha tratado de establecer algunos criterios objetivos para determinar el atractivo sexual de una persona y poder compararlo con el de otras, la empresa ha resultado un fracaso. Medir en términos de activos de capital la capacidad de una persona para atraer sexualmente a otras parece una tarea muy complicada. Sin duda lo es. Se trata de una cuestión absolutamente subjetiva que depende, en buen medida, de la percepción de la otra persona.

Lo que sí es cierto es que determinados estímulos pueden producir la atracción sexual de una persona. Sin ninguna duda. Estos estímulos guardan relación, por ejemplo, con las costumbres socioculturales del individuo en cuestión. Pero también con otras como los hábitos de conducta o, por citar otro ejemplo, las inquietudes a nuvel cultural. En cualquier caso, lo que sí es seguro es que, una vez más, cada persona es diferente y lo que funciona para una persona pudiera no hacerlo para otra. De esto sí que no hay dudas.

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