La salud vaginal

Salud vaginal

Mantener una adecuada salud vaginal es algo que resulta totalmente recomendable. Sin ninguna duda. Cuando hablamos de salud vaginal estamos haciéndolo de tratar de mantener las condiciones óptimas de la vagina en función de la etapa que, en ese momento, le toque vivir a la mujer en cuestión. Cuando esto sucede, de forma independiente de la edad, la mujer en cuestión cuenta con plena capacidad para desarrollar su propia sexualidad. Esto es así. De esta manera la salud vaginal resulta imprescindible para mantener una sexualidad sana y activa. Resulta obvio.

Son varios y muy diferentes las patologías que pueden influir en la salud vaginal. La falta de lubricación o la hipertrofia de la vagina son indicadores claros de que existe un descenso  en la calidad en salud de la vagina. Al margen de los tratamientos que recomiendan los médicos cuando se producen estas afectaciones, hay una larga lista de recomendaciones preventivas para tratar de evitarlas. Lo mejor es prevenir. Sin duda.

Para tener un una buena salud vaginal hemos de saber que el epitelio depende del nivel hormonal de estrógeno y que es el encargado de regular aspectos muy importantes como el nivel de humedad y el PH. La importancia principal reside en que la vagina debe contar con un equilibrio en lo que a flora bacteriana se refiere. Para ello es necesario que el PH  sea ligeramente ácido. De esta manera se neutraliza la proliferación de las bacterias que son perjudiciales para el entorno. Un verdadero arte.

El uso de preservativos en las interacciones sexuales minimizar de forma muy significativa los riesgos a los que se expone el aparato reproductor femenino en todo lo relacionado con la salud vaginal. Por lo tanto, utilizarlos de forma habitual cuando se producen encuentros sexuales es una buena forma de conservarla. Al margen de otras consideraciones. El uso del preservativo también evita este tipo de problemas. Además de transmisión de enfermedades. Y, por supuesto, embarazos no deseados. Una auténtica protección.

El control de la higiene íntima resulta fundamental. Completamente. En este caso, en contra de lo que pudiéramos pensar, resulta igual de contraproducente pasarnos de lo normal tanto por exceso como por defecto. Ambas circunstancias son malas. Igual de malas. Una escasa higiene puede provocar infecciones. Pero una limpieza tan exhaustiva que  acabe con el equilibrio  de la flora bacteriana, también podría hacerlo. Hay que encoentrar el término justo.

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