El gatillazo: el mayor temor

Gatillazo

El gatillazo es uno de los mayores temores a los se puede enfrentar un hombre en la cama. Poder satisfacer sexualmente a la pareja es algo muy importante para la gran mayoría de los hombres. Por eso no contar con un control sobre la cantidad y calidad de la elección suele convertirse en un problema. En realidad, el gatillazo es algo que será con frecuencia. De hecho en torno a la mitad de los varones sufrirán esto en algún momento de su vida.

Sabemos que la erección es una respuesta fisiológica que, de manera automática, experimenta el órgano sexual masculino cuando recibe un estímulo erótico. A esta respuesta automática se le suman el culo de expectativas y creencias sobre lo que se supone que debe suceder a partir de ese momento. Lo peor que puede suceder es que un hombre que se someta a una excesiva presión con pensamientos que amenacen sobre sus posibilidades sexuales. Cuando el nivel de exigencia autoimpuesto se suma al miedo de no estar a la altura de las circunstancias es cuando suelen aparecer los problemas.

Generalmente el gatillo eso se origina cuando el miedo que provoca determinada situación comienza a segregar adrenalina. Esta sustancia genera una contracción vascular con la que el varón suele perder la erección. En la mayoría de las ocasiones, esta circunstancia ocurre de manera ocasional. No suele tener mayor importancia que la situación incómoda que el propio afectado suele generarse a sí mismo. Rara vez estamos ante un problema de salud importante. Aunque la preocupación que suele generar un gatillazo en un varón suela ser desmedida.

Tener un gatillazo, por supuesto, no significa, en absoluto, ser impotente. Ni mucho menos. De hecho, la impotencia estar caracterizada por la pérdida permanente de la erección. En el caso que nos ocupa suele tratarse de una circunstancia puntual. Solo en el caso de que se repita de forma relativamente habitual deberíamos comenzar a preocuparnos buscar ayuda en un profesional cualificado. Sin embargo, insistimos, esto no suele ser necesario. Ya que en casi todas las ocasiones se trata de algo circunstancial que sucede de manera puntual.

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