El placer sexual

El placer sexual

El placer sexual es el que una persona es capaz de experimentar cuando encuentra la suficiente excitación sexual. A estas alturas, no cabe ninguna duda de que el esta forma de placer relacionado con la sexualidad es capaz de mejorar la salud y el bienestar del individuo. Son diferentes las sensaciones de gozo que intervienen en el placer sexual. Por supuesto, estas no están limitadas al coito. Ni mucho menos.

En realidad, cualquier acto sexual está compuesto por una gran variedad de estímulos. Estos tienen lugar a través de los cinco sentidos. Cada uno de ellos es capaz de hacer que su parte aporte la cantidad suficiente de placer sexual. Los estímulos visuales, olfativos, auditivos, táctiles y gustativos intervienen de una forma conjunta a lo largo de un encuentro sexual. Y son los que, finalmente, proporcionan las sensaciones que terminan determinando el nivel de placer sexual que nos aporta una experiencia sexual.

La estimulación sexual provoca en el organismo humano una respuesta ante la excitación sexual. Esta respuesta es conocida como placer sexual. Como ya sabemos, las personas tenemos la capacidad para excitarnos de diferentes maneras. La excitación nos puede llegar a través de diferentes estímulos. Estos estímulos pueden llegar por cada uno de los sentidos o por una combinación de algunos de ellos. Los estímulos pueden llegar desde el contacto real, como cuando nos tocamos el pene o la vulva, según el caso, o desde la propia imaginación. De hecho, la imaginación puede resultar realmente poderosa en materia de excitación sexual.

Determinadas áreas de la piel del ser humano tienen la capacidad de causarnos un alto nivel de excitación sexual cuando son estimuladas. Se suele tratar de zonas muy sensibles al tacto. Nos referimos a estas zonas como “zonas erógenas”. Son, en gran parte, responsables de la estimulación que precede al placer sexual. En realidad, cualquier zona de la piel puede resultar erógena si se sabe cómo estimularla.

Las zonas erógenas pueden ser muy diferentes en diferentes personas. Aquellas partes que resultan más estimulantes para determinadas personas pueden no serlo tanto para otras. Lo que sí está claro es que todos tenemos unas zonas erógenas. Además, la mayoría de ellas son comunes a casi todos.

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