El cerebro y la sexualidad I

El cerebro y la sexualidad

Que el cerbro y la sexualidad están íntimamente relacionados no es algo nuevo. Ni mucho menos. Los experimentos clásicos en los años 50 y 60 nos mostraron cómo los cerebros de los animales determinan si se comportarían como hombres o mujeres. No se trataba simplemente de sus cromosomas. A pesar de que existen diferencias notables entre los hombres y las mujeres. De hecho, los hombres cuentan con un cromosoma X  y uno Y. A su vez,  las mujeres tienen dos X. Resulta que el cromosoma Y es esencial para la formación de un testículo, y es la testosterona de este testículo la que actúa sobre el cerebro.

Los primeros experimentos demostraron esto utilizando especies, como ratas, en las que esto sucede después del nacimiento. Sorprendentemente, dar testosterona a hembras recién nacidas hizo que su comportamiento sexual fuera mucho más parecido al de los machos cuando crecieron. Y lo contrario también fue cierto. La extracción de los testículos de los varones recién nacidos dio lugar a patrones de comportamiento de tipo femenino. Más tarde, se estableció que el mismo proceso ocurrió en el cerebro durante el embarazo en aquellas especies que nacen mucho más maduras que las ratas. Por ejemplo, cobayas y monos.

Esto abrió un debate fascinante. ¿Se aplica esto a los seres humanos y, de ser así, cómo? Sabemos que el embrión humano masculino forma los testículos muy temprano durante el embarazo. Aproximadamente, en 10 semanas. Estos nuevos testículos comienzan a secretar testosterona rápidamente. Esto significa que el cerebro masculino está expuesto a la testosterona durante un tiempo crítico durante su desarrollo. ¿Cuáles son los efectos? y , lo que resulta aún más interesante: ¿Son tan duraderos como en otras especies?

Sin duda, que esta relación entre cerebro y sexualidad se dé en un buen número de especies, nos puede hacer pensar que se podría dar también en los seres humanos. De hecho, en ese camino trabajó la ciencia tras los experimentos citados. Sin embargo, lógicamente, para certificar este extremo es necesaria la realización de otro tipo de investigacioes que, esta vez, sí, se centrasen en humanos. Continuaremos con este asunto en entradas posteriores de nuestro blog.

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