La sexualidad implícita

La sexualidad implícita es el conjunto de cuestiones que conlleva la propia sexualidad. Se trata, pues, un buen número de circunstancias relacionadas con el sexo y que son inherentes a este y a las relaciones que provoca. Algunas de estas circunstancias son ampliamente conocidas por todos. Los celos, por ejemplo, pueden formar parte de la sexualidad implícita. En mayor o menor medida, todos aquellos que somos sexualmente activos hemos pasado por ellos. En algunos casos, solo de pasada. En otros, de forma enfermiza. El caso es que, de una u otra manera, suelen ser consecuencia de las relaciones humanas en general y sexuales en particular.

Hemos de tener muy presente que las relaciones monógamas no son la única opción. De hecho, existen relaciones sustentadas sobre parámetros muy diferentes a este. La inclusión de otras personas en este tipo de relación suele estar a la orden del día y no tienen por qué suponer un problema. Solemos dar por hecho que mientras engamos una relación de pareja no nos sentiremos sexualmente atraídos por otras personas y, evidentemente, eso no tiene por qué ser así. No mucho menos. Este es otro claro ejemplo de lo que llamamos sexualidad implícita.

Cuando la relación entre dos personas no está basado unicamente el sexo aparecen otras variables. El amor, la confianza o el respeto son algunas de ellas. Lógicamente, el amor puede englobar algunas de las otras variables. Por eso hemos de diferenciarlo claramente del resto. Por eso, en una relación de pareja estable y que funciona, el amor no se cuestiona. Otra cosa sucede con la atracción sexual. Esta puede aparecer en cualquier momento y, practicamente, con cualquier persona. Estamos, claramente, ante otro ejemplo de sexualidad implícita.

En realidad, la combinación de las tres circunstancias tratadas suelen darse con frecuencia en el mundo de las relaciones de pareja. La suma de celos, expectativas de no atracción externas a la pareja y el amor como base de nuestra relación suele acabar con situaciones de infidelidad. En realidad, la infidelidad en una circunstancia tan frecuente como natural. De hecho, la fidelidad entendida en un sentido exclusivamente sexual, va contra la naturaleza sexual del ser humano. Solo cabe aceptarla y regularla de una forma que no perturbe nuestra relación de pareja.

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