La inteligencia y el sexo

La inteligencia y el sexo están relacionados. Definitivamente, es así. Guardan una relación directamente proporcional. Si uno aumenta, el otro también. Ahora ya tenemos estudios científicos que corroboran lo que desde siempre hemos sospechado. Una vida sexualmente activa produce en nuestro organismo un efecto que provoca la generación de nuevas neuronas. Si a esto le unimos que se reduce el estrés, definitivamente, el sexo nos desarrolla la inteligencia. A nivel cognitivo y, también, a nivel emocional. Parece un buen negocio. ¿No es así?

Esto, por si mismo, ya parece suficiente. En realidad, mucho más que suficiente. Sin embargo, no todo acaba aquí. Resulta que la vida sexualmente activa también se ocupa de activar y hacer aumentar la neurogénesis en el hipocampo. Dado que esta zona del cerebro es la que se ocupa de tratar nuestros recuerdos de pasado, podemos afirmar que el sexo también mejora la memoria a largo plazo. Por el mismo precio, con solo mantener sexo regularmente, somos capaces de mejorar nuestra inteligencia y nuestra memoria. Excelente noticia. Y a un precio más que saludable.

Diferentes equipos de la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, y de la Universidad de Konkuk, en Seúl, se han adentrado en diversos estudios que concluyen la relación entre inteligencia y actividad sexual. Para algunas de las pruebas clínicas se han utilizado animales como ratas. Un grupo de control practicaba sexo con mucha asiduidad mientras otro tenía restringida la actividad sexual. Los resultados fueron concluyentes. Tanto las funciones cognitivas como las de memoria de las ratas con mayor actividad sexual terminaron siendo sensiblemente superiores las del otro grupo. Parece que un detalle significativo es que el grupo de ratas con mayor frecuencia sexual, además, contaba con el aliciente de practicar sexo con diferentes parejas lo que parece que estimulaba más la situación.

Sin embargo, parece que al revés, la cosa no funciona. Es decir, no por ser más inteligente se puede considerar que la vida sexual de un individuo ha de resultar más enriquecedora. Ni mucho menos. Así que, podríamos decir que estamos ante una relación unívoca directamente proporcional entre el sexo y la inteligencia.

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