Terapia sexual para las disfunciones sexuales femeninas

Terapia sexual

La terapia sexual es una opción para tratar las disfunciones sexuales femeninas. Cada vez más, los expertos coinciden en un enfoque multidisciplinario, consistente en la intervención de un sexólogo, confirmando que puede tratar de manera más efectiva las disfunciones sexuales femeninas. Puede incluir sesiones individuales o en pareja. Estas sesiones pueden ayudar a aliviar la frustración, el estrés, la ansiedad, la tensión y el conflicto causado por la disfunción marital. También ayudará a aumentar la autoestima, que a menudo se ve socavada en tales casos.

Hay varios enfoques principales en la terapia sexual:

      • Terapia cognitivo-conductual: tiene como objetivo romper el círculo vicioso de los pensamientos negativos con respecto a la sexualidad (y el comportamiento resultante) identificándolos y tratando de desactivarlos.
      • Enfoque sistémico: se centra en la interacción de los cónyuges y su efecto en su vida sexual. El análisis del sexo intenta resolver los conflictos internos en la raíz de los problemas sexuales analizando la imaginación y las fantasías eróticas.
      • Enfoque humanista existencial: lleva a las personas a descubrir sus percepciones de sus dificultades y a un mejor autoconocimiento sexual.
      • Enfoque sexo-corporal: Refleja los vínculos indivisibles; cuerpo – emociones – intelecto, que apunta a una sexualidad satisfactoria, tanto a nivel personal como relacional.

Los resultados de las pruebas indican que la dehidroepiandrosterona (DHEA, una hormona esteroide anabólica) podría ayudar a las mujeres que sufren de disminución de la libido después de la menopausia (especialmente entre las mujeres de 70 años o más). El mismo efecto se observó en mujeres con baja libido causada por deficiencia de glándulas suprarrenales que son responsables de la producción de DHEA en el cuerpo.

Hay productos comerciales presentados como DHEA natural. Suele tratarse de extractos de ñame, soja o trébol rojo que contienen diosgenina, un fitoestrógeno. No existe evidencia científica que indique que el cuerpo pueda convertir esta sustancia en diosgenina dehidroepiandrosterona.

Es un proceso que requiere una serie de síntesis químicas que no se pueden reproducir en el laboratorio. Por lo tanto, no existe una fuente «natural» de DHEA. Solo el cuerpo lo produce de forma natural, cuando tiene la edad suficiente para hacerlo. La producción disminuye gradualmente a partir de los 20 años.

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