La importancia del deseo sexual

El deseo sexual

El deseo sexual es algo fundamental en nuestras vidas. No debemos olvidar que somos individuos sexualizados y que el sexo impulsa un buen número de nuestras acciones. Cuando el sexo se niega, puede conducir a una experiencia negativa y convertirse en una adicción.

La sexualidad es natural y saludable, incluso cuando se trata de niños o adolescentes. Sin embargo, cuando la sexualidad se convierte en algo perjudicial para ellos, es un tema que debe ser tratado por profesionales que tengan la experiencia necesaria para tratar este tipo de situaciones.

El deseo sexual puede definirse como un sentimiento o ansia de actividad sexual. Es normal que los jóvenes lo sientan en su adolescencia. No debe ignorarse  por parte de los padres o profesores, que deben ayudarles a desarrollar su sexualidad de forma saludable.

El deseo sexual es el motivador de las relaciones íntimas, de nuestra necesidad de intimidad y de conexión con los demás. También es el motor de muchas de nuestras actividades y comportamientos, desde comer hasta dormir, desde el trabajo hasta el juego.

El deseo sexual se despierta por muchas cosas, como el contacto físico o las imágenes. También puede aparecer por pensamientos sobre otras personas, sobre lo que nos gustaría hacer junto a ellas o con otra persona.

El deseo sexual suele ir acompañado de un aumento del flujo sanguíneo en los genitales (incluidos los pezones), lo que puede provocar la excitación y la lubricación de la vagina o el pene.

La importancia del deseo sexual radica en su capacidad para crear vínculos entre las personas. Cuando dos personas tienen una fuerte conexión entre sí, su vínculo se vuelve tan fuerte que puede soportar todo tipo de adversidades, como el divorcio o la muerte.

El deseo sexual nos da la sensación de estar vivos y nos da la motivación para vivir una vida activa en la tierra. Nos permite ser seres sociales que comparten sus sentimientos con los demás y disfrutan de su compañía.

En otras palabras, la sexualidad no es sólo un proceso biológico; también depende de lo que pensamos sobre la sexualidad. Si piensas que tu cuerpo es sucio o vergonzoso, entonces será más difícil que sientas deseo por otra persona.

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